jueves, 20 de febrero de 2020

Visitandines - Financiers


Año 1700, las Hermanas de la Orden de la Visitación en su afán por satisfacer sus necesidades más golosas, empiezan a ensuciar cacharros y mezclar almendra molida (de los almendros del señor que arregla los frutales del huerto dos veces al año), claras de huevo (que sobraron al preparar la salsa béarnaise que tanto le gusta a la madre Thérèse), unos puñados de azúcar (bendita obra del diablo), ... Y madre, aquí huele a mantequilla otra vez.

Doscientos años después, el pastelero francés llamado Lasne, rescata estos bizcochitos y los reduce a mini lingotes de oro para ofrecer a los banqueros más pulcros de París.
¿Bocados de ogo paga el señog? Goûtez cet financier monsieur...


Receta:

Tuesta 75 ml de mantequilla sin sal en una sartén durante unos 3 minutos y sin dejar de remover. Lasne lo llamaría "beurre noisette!!"
Transfiere a un recipiente para que se corte la cocción y no nos quede "beurre carbón".
Mezcla 85 gr de almendra molida, 110 gr de azúcar, 2 cucharadas soperas de harina y una pizca de sal.
Bate unas 3 o 4 claras de huevo (unos 85 gr) y vierte a la mezcla seca.
Una vez integrados los ingredientes, añade la "beurre noisette" y sigue mezclando.
Vierte en moldes engrasados y enharinados. 


Hornea a 190°C hasta que las orillas se vean tostadas y la parte superior dorada, unos 15 minutos.
Desmoldar y dejar enfriar en rejilla.


"Que Dios nos pille confesados." -dijo Thérèse.

Pacífico

Cierras los ojos y no ves nada.
Cierras los oídos y lo escuchas todo.
Cierras la boca y no dices nada.
Cierras la nariz y hueles por dentro.
Y cuando abres todos ellos, entiendes qué haces aquí. 

Y hueles los guisos de tu abuela, el aroma de la leña ardiendo, los pimientos asados. Te enamoras de tu vida.
Y empiezas a hablar, a decir, a expresar y a besar. A sacarte con palabras y sonidos.
Y te escuchas sonreír, calmado e inquieto por dentro.
Y entonces empiezas a ver cada uno de los colores que antes no podías ver. Los disfrutas e intentas separar uno a uno. A veces tan difuminados que en lugar de identificarlos, te pierdes entre ese degradado perfecto.