Después de varios años sin mover un dedo por este blog, he empezado a escuchar el crujido del metal húmedo y viejo.
Típica escena de cine, en la que aparece un señor dado por muerto y en unos largos segundos de tensión y expectación, el señor mueve un dedo:
-Ohhh alivio... está vivo!
Pues eso pero sin tensión ni expectación, simplemente un dedo oxidado movido por la gratitud de poder escribir con estas vistas, "araña de la muerte" incluida.
Pero tranquilos, tengo preparada una receta aceitada para que todo fluya y se deslice con mayor naturalidad y sencillez (en pruebas).
Motivada por vivir, decidí comprar un billete de ida a esa isla tan querida por el resto del mundo, Irlanda. Y no es para menos.
Vine sin pensar mucho más que en llevarme ropa de abrigo e impermeable. Lluvia que te temo lluvia...
La esencia de este país es la total despreocupación con la que viven. Es un poco fea esta palabra, despreocupación, pero en ella hay un amalgama de adjetivos muy alejados de la oscuridad.
Están hechos de otra pasta y viven por y para el arte: la música.
Un país ampliamente minado por la sociedad vecina, que ha superado la adversidad con emoción, bienestar, no preocupación (no worries) y sencillez.
Verde que te quiero verde.

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